En ese momento, Simón tenía muy claro en su mente que no debía apresurarse, porque la prisa no serviría de nada. Se sentó tranquilo en el suelo de la habitación, cruzó las piernas y comenzó a regular su respiración. Al liberar su energía, el dragón Qi pronto se extendió por todo el cuarto.
Una vasija de dragón flotaba en el aire, y según la voluntad de Simón, a veces absorbía dragón Qi, y otras veces lo exhalaba con mucha suavidad.
El tiempo pasó rápidamente, y antes de que se diera cuenta, ya h