—¡Puf!
—¡Puf!
...
Los cuatro miembros de Dariel escupieron sangre, tendidos en el suelo, mirando con incredulidad a Simón, que se encontraba en la puerta, y a su avatar flotando en el aire, suspendido en el aire con gran poder.
En ese momento, el avatar de Simón se deshizo y en cuestión de segundos se volvió cenizas, y el dragón Qi regresó a su cuerpo. Al ver esto, Dariel, sorprendido, exclamó: —¡No puedo creerlo! ¡Has logrado crear un avatar... tú...!
—¿Hm? ¿Te sorprende eso? — respondió Simón