La señora Zaraya salió detrás de su escritorio y dijo con una voz firme: —Has perdido el tiempo y la oportunidad, ahora que vienes a pedirme esto, no te voy a dar respuesta. ¿Acaso quieres intentar forzarme a venderte el objeto?
—No, no es eso—, respondió respetuoso Simón.
La señora Zaraya ajustó sus gafas y continuó: —Está muy bien, ya basta de bromas sobre este recipiente ritual de bronce. Si deseas seguir disfrutando de las colecciones de aquí, adelante. Si no, te pido que te vayas de inmedia