Simón se acercó con su grupo a la entrada de Isla Lacustrina y vio a Abel tirado en el suelo. Daniela, mientras tanto, había sido tomada como rehén por el otro grupo. Observando con detenimiento, Simón calculó que eran alrededor de veinte personas.
—Emeterio, ya salieron.
—Simón —dijo Daniela, intentando mantener la calma.
—Daniela, no te preocupes, estoy aquí —respondió Simón, mirando directo a Emeterio.
Emeterio lo examinó con una mirada sombría y preguntó:
—¿Tú eres Simón?
—Así es