Rita intentó intervenir, su voz temblaba por la tensión del momento.
—Liam, Edward siempre supo quién era su padre. Yo... yo nunca le mentí —dijo, con una mezcla de culpa y defensa.
Esas palabras no hicieron más que avivar la furia de Liam. Saber que Edward había vivido toda su vida con la verdad, mientras él había sido abandonado y olvidado, hizo que su rabia creciera aún más.
—¿Y qué hay de mí? —gritó Liam, su voz quebrada por el dolor—. ¿Dónde estabas tú, Joseph, mientras yo crecía sin un pa