Lo primero que registro es el dolor: un dolor agudo y palpitante que atraviesa mi pecho con cada respiración. Lo segundo es el sonido de alguien llorando, sollozos profundos y desgarradores que parecen hacer eco en mi mente nublada. Intento abrir los ojos, pero se sienten pesados, vencidos por el agotamiento.
Cuando por fin logro forzarlos a abrirse, las luces intensas del hospital me hacen fruncir el ceño. Parpadeo varias veces, tratando de aclarar mi visión, y entonces la veo. Lia. Está encor