~ PAULA ~
La sábana era de algodón egipcio, la luz de la lámpara tenía la temperatura exacta del confort, y estaba acostada de lado como si el mundo no hubiera intentado humillarme en las últimas cuarenta y ocho horas.
Me gustaba esa sensación específica: cuando el cuerpo se relaja, pero la cabeza continúa funcionando como un panel de control. El secreto de parecer calmada siempre fue no desconectarse. Solo disminuir el brillo.
Detrás de mí, un brazo pesado pasó por mi cintura y me jaló con una