Al oír mi nombre, me di cuenta de que Logan miró primero.
No hacia mí. Hacia el lugar de donde había venido la voz. Sus ojos barrieron el área como si hubiera sido jalado por un imán, buscando la fuente.
La distracción perfecta.
Me agaché inmediatamente, casi doblándome por la mitad.
"¡Calambre!", grité, llevando la mano a la pantorrilla. "¡Calambre!"
Me lancé de vuelta dentro del auto, jalando el ruedo del vestido conmigo.
Logan entró un segundo después, frunciendo el ceño, claramente sin ente