~ MAREU ~
Descubrí dos cosas importantes sobre trabajar toda la noche cosiendo un vestido.
El café no es bebida. Es mi dignidad en estado líquido.
La segunda: la máquina de coser tiene opiniones.
Y expresa esas opiniones en forma de hilos enredados, agujas que deciden torcerse en el peor momento y un ruidito específico que parece una risa baja cuando te equivocas.
Había comenzado con la confianza arrogante de quien ya hizo dobladillo de pantalón en quince minutos.
"Sé coser", dije a mí misma.
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