La mesa en la terraza principal había sido preparada con un cuidado que solo los italianos dedican a una comida. Las velas parpadeaban suavemente en la brisa nocturna, iluminando la vajilla antigua y los cubiertos de plata pulida que brillaban bajo las estrellas. El aroma que venía de la cocina era una sinfonía de hierbas frescas y salsas lentamente perfeccionadas.
Lucia apareció cargando una bandeja de antipasti —aceitunas oscuras, quesos locales, jamón curado y tomates pequeños que parecían j