~ MARCO ~
—¿Maitê? —murmuré, observándola parada en el umbral de la puerta como si estuviera a punto de entrar a casa mientras yo estaba saliendo.
Tenía los ojos rojos que delataban que había estado llorando, el cabello ligeramente despeinado como si hubiera pasado las manos por él repetidas veces, y una expresión de quien estaba profundamente cansada. Pero no era solo cansancio físico: había un agotamiento emocional grabado en cada línea de su rostro, una fatiga que parecía venir del alma y esparcirse por todo su cuerpo.
—Me asustaste —dije, jalándola automáticamente a un abrazo, sintiendo un alivio inmenso solo por verla ahí, segura y entera.
Ella no se resistió, pero tampoco me abrazó de vuelta. Se quedó ahí, pasiva en mis brazos, como si solo estuviera tolerando el contacto físico sin realmente participar de él. Era como abrazar una versión distante de ella misma.
—Te avisé que iba a conseguir un aventón a casa —dijo cuando me alejé ligeramente, su voz sonando más cansada que