Lo observé por algunos segundos, viendo cómo Nate se movía por la habitación de forma mecánica, claramente con la mente en otro lugar. Decidí que no iba a seguir fingiendo que no había notado nada.
—Sabes que esto no va a funcionar, ¿verdad? —dije sin rodeos, todavía sentada en la cama pero mirándolo directamente.
Él se volteó, sorprendido por mi enfoque directo.
—¿Qué? —preguntó, frunciendo ligeramente el ceño.
—Que me mientas y te aísles cada vez que tienes un problema —respondí, acomodánd