El sábado llegó como un alivio bienvenido después de la intensidad emocional de la fiesta. Desperté todavía con un leve vestigio de resaca, pero determinada a aprovechar los últimos días con Zoey y Christian antes de que regresaran a Argentina. Era extraño pensar que pronto estarían del otro lado del océano nuevamente, reducidos a videollamadas y mensajes de WhatsApp.
Matheus apareció en mi apartamento alrededor de las diez de la mañana, cargando cafés y croissants de una panadería francesa cer