Alessandro llego a la casa donde vio que los sirvientes estaban de un lado a otro y caminando de forma rápida, notando que cargaban estuches de maquillaje, peines y pinzas para el cabello y hasta algunas planchas de mano.
- Ah maestro, ya llego – saludo una sirvienta quien sonrió al ver al rubio ingresar al interior de la casa.
- Se me hizo un poco tarde – indico sonriendo de lado – pero ¿por qué te vez angustiada? ¿qué pasa?
- ¡Alessandro! – en eso el rubio arqueo la ceja y al girarse vio a Me