Victoria se había preparado mejor que nunca, estaba cumpliendo un mes de novios con Mateo, y él iría a buscarla a su casa.
Se miró en el espejo, el vestido blanco le llegaba hasta las rodillas y la hacía ver como una princesa. Sonrió, dando una vuelta.
—Mateo está abajo —Su padre tocó la puerta abierta—. Mi niña ya es toda una mujer.
—Ay, papá —rio.
—Quería decirte algo… —murmuró.
—¿Malas noticias?
—Más o menos. No dudes en avisarme si Mateo vuelve a ver a Catherine —pidió—. Ella puede se