Un estremecimiento extraño la invadió, y el frío recorrió su nuca. Lo había hecho. Le había cercenado la vida a un ser humano. Le había quitado el último aliento a ese hombre desconocido.
La morena sintió como la invadía una especie de frenesí, e incluso de éxtasis mezclándose con la estupefacción de haber sido capaz de haber llevado a cabo un acto tan escalofriante y bajo.
La repulsión por sí misma apareció casi al mismo tiempo, unida a la emoción creciente en su interior y confundiéndola tota