SARAH PIERCE
—¿A… Sí? —La expectación creció—. ¿A qué?
—Lo que yo piense de Rosalina no es asunto tuyo —dije con severidad—. Matar gente te resulta pan comido, ¿verdad?
—¿Crees que esto es una broma? —La voz se tornó arrogante—. No eres nadie, Sarah. Por eso, Rosaline ha logrado pisotear tu vida. Y aun así crees que puedes ganar. —Esas palabras me provocaron un torbellino de emociones—. Acepta mi oferta antes de que sea demasiado tarde. Si no logras deshacerte de tu hermana, te arrepentirás par