Lucas
—Señor por favor... ¡Apesta a alcohol!— decía Octavio de forma molesta, mientras recogía papeles y demás cosas que habían quedado dispersas en mi estudio.
Prácticamente no había salido de aquí desde que ella se fue. Pocas veces había ido a mi cama, y muchas noches me encontré dormido con la cabeza sobre el escritorio. Era deprimente y denigrante, lo sé.
—Vamos, señor... ya es todo lo hemos vivido y sabemos cómo termina. Con usted más amargado que nunca… si es posible— dice mi asisten