Dalila
—Entonces es cierto…—dice él, y su cara es de sorpresa y a la vez de angustia, sin duda es una confirmación.
—¿Lo sabías? ¿Realmente lo sabías desde hace tiempo?— pregunto aún incrédula. Él parece ahora extremadamente preocupado.
—¡No! ¡Por supuesto que no! Me enteré hace poco…— dice.
—¡Lo juro Dalila! ¡Por favor tienes que creerme! Te lo suplico… — me insiste. Yo no puedo más.
—Yo… yo estaba embarazada cuando sucedió el accidente…y me dejaste ahí… sola, tirada. Yo… perdí ese bebé… nues