Lucas
—Celeste, ¿dónde está Dalila?—
Preguntaba a los gritos mientras la llamaba por teléfono.
Era de noche y hacía pocos minutos en que Victoria me había dicho, escandalizada, que la habitación de mi esposa está vacía…no sé cómo lo había hecho, pero había encontrado la forma de escapar.
El perro lloraba desconsolado.
—Señor Dantes... ella me había pedido ayuda para escapar... ¡Pero yo le dije que no podía ayudarla! Estaba triste e infeliz… — me dice Celeste angustiada.
Me había dicho qu