Lucas
Por fin parece que llega, tengo casi 30 minutos esperando cerca de su departamento. Le había conseguido un trabajo lo suficientemente digno con uno de mis conocidos, en una empresa de telecomunicaciones. Cuando Celeste me ve parece que casi se infarta
—¡Señor Dantes!— grita colocando una mano en el pecho.
—Necesitamos hablar...— le digo y paso adentro de su departamento. Es pequeño, pero cómodo y yo me siento en la sala como si fuera mía. Es una mujer humilde, obediente, tranquila que