Lucas
—¿Estás bien? ¿Realmente te sientes bien? Pasé todo el tiempo que estuviste en la cárcel angustiada— dice ella mirando las cicatrices en mis manos, que con todo y que ya están cicatrizadas no impidieron que yo tocara a mi esposa y le hiciera el amor en cuanto estuvimos solos. Ahora la tenía desnuda, recostada sobre mi pecho mientras acariciaba su espalda.
—Y yo estuve preocupado por ti, de que algo te pasara en mi ausencia pero ya me di cuenta de que habías manejado todo a la perfección