Mundo ficciónIniciar sesiónElías se había desabrochado la chaqueta del esmoquin, la pajarita colgaba deshecha alrededor de su cuello y se había abierto los dos primeros botones de la camisa almidonada. Su rostro mostraba el desgaste de las últimas veinticuatro horas: ojeras leves, mandíbula tensa y una mirada atormentada.
—Necesitaba respirar —murmuré, bajando la







