Capítulo 30. Poderoso.
Al aterrizar el avión un auto estuvo esperándonos que luego nos llevó hasta el hotel donde nos alojaremos por los días que durarían nuestras vacaciones. El lugar era un paraíso, realmente un establecimiento hermoso donde podríamos estar cómodos disfrutando de la calma que necesitamos.
— Buenos días, reservación a nombre de D’Angelo por favor.
— Buenos días señor, ya lo busco y le doy las llaves.
Cuando miro a mi lado me encuentro con la dulce mujer que observaba todo con sus ojitos soñadores