La vida se agota, mi vida se esfuma entre mis dedos.
Freya
Abro los ojos sintiendo que los párpados me pesan. Mi mente es como si saliera de una nebulosa que mantuvo en pausa por muchas horas. El techo blanco me devuelve una claridad que me lastima y me obliga a entrecerrarlos un instante. Intento moverme, pero un latido punzante en la cien me clava de nuevo a la almohada. Por un segundo, el silencio es absoluto, y en medio del vacío busco dentro de mi cabeza los recuerdos de la noche.
El frío del pavimento. La humedad de mi sangre. El sonido de la puerta de un auto cerrándose con un golpe seco. La voz de mi hijo haciendo eco en el aire. El aire se me escapa de los pulmones como si de nuevo me hubieran golpeado. Jadeo, cuando el pánico me sube por la garganta y me paraliza el corazón.
Secuestraron a mi hijo, me lo arrancaron de los brazos.
Desvío la mirada buscando el modo de ponerme de pie, y entonces lo veo. Gabriel, está aquí, sentado en una silla demasiado pequeña para su cuerpo t