Una mujer, un día y miles de emociones
Gabriel
Han pasado dos semanas desde que conocí a Anastasia, las cosas no han vuelto a ser igual desde entonces. Antes al menos podía vivir con el recuerdo de Sarah, pero ahora todo lo que hago es pensar en esa mujer que me engañó y no sé cuántas veces me he preguntado si todo lo que dijo sobre ella será cierto o si solo era parte de tu estrategia. Aunque sigo sin entender que quería conseguir con eso, no es que hayamos tenido sexo o me haya robado, solo fue algo de un día, de una noche.
—Papi. —Me incorporo al escuchar la voz de mi hija.
Está de pie bajo el umbral de la puerta sosteniendo su oso de peluche.
—¿Qué sucede cachorra? —Me siento sobre la cama para poder verla bien.
—El señor Caramelo tiene miedo —pronuncia con palabras recortadas.
—Ven aquí. Vengan los dos. —Corre desde la puerta y salta para poder subirse a la cama, dejo que lo intente sola hasta que consigue subir sus dos piernas—. Dejaré que ambos duerman conmigo, pero mañana debe