—¡Angelo!, espera… Es que esto es muy… —ese hombre la silenció, en el instante que se acercó hacia ella, sus rostros a centímetros, sus labios casi tocándose, él estiró su brazo y tomó con su mano la copa de vino que Cassandra ni siquiera provó.
—Ya que tú no lo tomarás, yo lo haré por ti~ —sonrió con picardía, a la vez que vaciaba la copa de vino lentamente desde la clavícula de Cassandra, hacia abajo, viendo cómo el líquido rojo continuaba su paso al interior por sus senos y más abajo…