—Creo que no me escuchaste bien —recalcó Angelo, a la vez que la encimaba sobre la silla—. Dije "luces", no que "eres"…
¡Cassandra se sorprendió, dándose cuenta que él tenía razón!
Ella se ruborizó, su mirada dorada como la miel, se desvió hacia un costado.
—¿Quiere decir que… Crees que soy bella?
—¿Bella?, no, no creo que lo seas.
—¿Eh? —la mujer rubia frunció el ceño en ese momento.
Pero antes de que pudiera responder odiosa en su defensa, él se le adelantó, hablando:
—Eres prec