—¡¿Solo ahí hay cámaras?! —preguntó Cassandra molesta. En sus brazos, Clara, que aunque se había calmado, seguía aferrada a ella.
En el salón de seguridad de la mansión, Antonio revisaba los vídeos cuidadosamente con el personal.
—Es el hogar de Angelo, por supuesto que no hay cámaras en todas partes. Solo las zonas más públicas y en sectores donde se reciben invitados —le respondió ese hombre fríamente.
—¡Ahí está, señor Rossi! —habló uno de los hombres que trabajaba para el señor Fiore