Tap~ tap~
Los pasos de las gemelas alejándose a toda prisa, resonaron en la elegante oficina del CEO Fiorentino.
Antonio Rossi volvió a ver a su amigo.
—¡Angelo! ¡Tus hijas! —habló ese hombre, intentando hacer que ese CEO reaccione.
Angelo clavó una amenazante mirada en Cassandra. La mujer se puso pálida de inmediato.
—¡No es lo que parece! ¡No las traje conmigo y no lo hice a propósito! —exclamó esa rubia en su defensa.
—¿No? ¡Dejaste las puertas abiertas a propósito! —la culpó es