Marco Fiorentino estaba sentado en un sofá individual en la habitación del hotel, su rostro reflejaba una mezcla de frustración y determinación. Hablaba por teléfono, su voz resonaba con una autoridad que no admitía réplicas.
—¡No me interesa qué tengan que hacer! ¡Sigan los rastros! ¡Interroguen a esas malditas niñeras! ¡Quiero noticias de las gemelas y su paradero exacto antes de las seis de la tarde! —finalizó la llamada con un golpe seco.
Ese hombre se reclinó en el sofá, dejando esca