Capítulo 116: Es mi culpa...
Angelo tomó la USB y la colocó sobre la mesa, dejando su cigarrillo en el cenicero.
Con su laptop a un costado, se preparó para revisar el contenido.
Al conectar la USB, su mirada se tornó intensa, y su pulso se aceleró a medida que los documentos comenzaron a aparecer en la pantalla. Él revisando con atención.
—¿Es todo verídico? —preguntó, su voz más baja, casi una murmuración.
—Sí —respondió el detective—. Todo lo que contiene es verdadero. Los reportes reales, señor Fiorentino.
Ange