En uno de los pasillos menos transitados de la mansión, Cassandra Brenaman aguardaba en una habitación que parecía más una bodega que otra cosa.
Estaba rodeada de cajas selladas, sintiéndose atrapada en un momento de espera angustiosa, lejos de la asistente que Angelo le había impuesto, la señorita Miller, quien ya la había perdido de vista.
Mientras tanto, la sirvienta Margaret se había puesto en contacto con ella, revelando que Madeline llegaría ese día y deseaba verla en persona.
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