La sala estaba en absoluto silencio. Adrian recorrió la sala lentamente. Las cámaras lo seguían, pero él no las miró.
En cambio, miró a Richard.
Richard le devolvió la mirada con una expresión que Stacy jamás había visto en su rostro… ni la compostura cautelosa de la sala de juntas, ni siquiera la gentileza que le mostraba. Algo más crudo que ambas.
—Ha pasado mucho tiempo —dijo Richard.
—Veinticinco años —dijo Adrian—. Los conté.
—Lo sé —dijo Richard—. Yo también los conté.
Richard no leyó nin