Eleanor visita a Richard un jueves por la tarde. Lo hace cada semana. Lleva años haciéndolo. No por obligación… sino por algo más parecido a esa lealtad particular de quien ha servido a alguien durante tanto tiempo que la relación ha trascendido lo profesional, convirtiéndose en algo para lo que no existe un nombre preciso.
Richard estaba junto a la ventana. Más débil que la semana anterior. Pero, al verla entrar, sus ojos se mostraron lúcidos.
—Te ves cansada —dice él.
—Siempre dices lo mismo