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Suspiré sintiendo el sabor de la langosta, es simplemente la mejor que he comido en toda mi vida.
— Rafa, esta langosta es perfecta. — Lo miré. Mi marido sonrió mientras comía sus vieiras.
— Me alegra que te guste, amor. — Bebió un sorbo de su zumo. — Pero ahora necesitamos hablar sobre lo de aquello. — Asentí y tragué la comida.
— ¿Qué tienes en mente? — Pregunté mirándolo atentamente.
— Necesitamos hacerlo mañana, Lívia, no tenemos mucho tiempo y si lo dejamos para el día diecisiete