Ralph pasó una noche inquieto, pensando en cómo manejar la situación con Heather al día siguiente. Después de mucha contemplación, finalmente se vistió y bajó las escaleras, solo para descubrir que, aparte de su madre y su hermana, no se veía a Heather por ninguna parte.
La casa estaba tranquila mientras todos disfrutaban del desayuno y nada parecía fuera de lo común.
—¿Dónde está Heather? —preguntó con sospecha.
—Una dama como ella nunca se dignaría comer la comida de un plebeyo —replicó