—¡Basta! —Heather golpeó la mesa con sus puños, sorprendiendo a Hannah, quien comenzó a temblar.
—Mírate. ¡No te pareces en nada a mí! ¡Deja de temblar! —le recriminó Heather, sintiendo deseos de patear a su hermana. —¿Me temes? ¿De verdad sientes miedo de mí?
—S-Sí, lo siento —respondió Hannah en voz baja y nerviosa.
—Así que temes, ¿verdad? —Heather esbozó una sonrisa fría. —Si realmente me temes, entonces, ¡no te habrías perforado las orejas sin mi permiso!
Heather también tuvo que pe