—¿Por qué sigo aquí? La sonrisa del joven se amplió, dándole una apariencia mucho más madura que el joven rebelde que alguna vez fue.
Estaba vestido como un hombre de negocios con una camisa blanca bien ajustada, el pelo bien peinado y un maletín en la mano. Si no se hubiera dirigido a Lily por su nombre, a ella le habría costado reconocerlo.
—No nos detengamos en eso —respondió Lily con el ceño fruncido. Aunque el joven se refería a sí mismo, ella sintió una sensación de incomodidad al escu