Melanie se negaba a responder a las incesantes llamadas de Nathaniel después de colgar. Después de un rato, se molestó por el constante sonido del timbre y apagó el teléfono. Le costaba aún más conciliar el sueño después de tal revuelo, así que se dirigió hacia la pequeña ventana cuadrada. Se sentía completamente diferente a las ventanas inmensas de la suite presidencial, que dejaban apreciar la vista nocturna de la ciudad.
La ventana era como un marco que contenía toda su vida, ya que Melanie