En la mañana, ya casi al mediodía, Liam se despertó y se desperezó como cada mañana.
Se levantó, abrazando su osito de peluche, y bajó las escaleras, esperando encontrar a Sophia, como cada mañana, preparándole el desayuno.
Sin embargo, se encontró con su padre sentado solo, frente a la mesa.
—Papá, ¿dónde está mamá? —preguntó con la inocencia en su voz.
Noah alzó la mirada y esbozó una sonrisa forzada que no les llegó a los ojos.
—¿Qué pasa, papá? —inquirió el niño, acercándose a él.
—Pues, v