“¡Bisabuela!”.
Nellie se mordió el labio. Agarró el dedo de Luna con sus pequeñas manos. “¡Ya dije que solo quiero que la Tía me cuide! ¡Bisabuela, si vas a ser así, ya no me agradarás!”.
La Abuela Lynch atenuó con fuerza su indiferencia y forzó una sonrisa. “Nellie, ya lo he dicho. Eres una de las amas. No puedes confiar tanto en un sirviente”.
Luego miró al mayordomo con frialdad. “Lleva a la princesita a jugar. Quiero hablar con la Señorita Luna en privado”.
Nellie se mordió el labio. Ell