Jim frunció el ceño mientras miraba a Charlotte. "¿No odiaste siempre comer cordero?".
Él recordaba claramente que el número nueve y el número doce se hicieron muy amigas por eso. El número nueve odiaba el cordero, pero desafortunadamente, el orfanato lo servía en sus comidas frecuentemente, y por eso ella se hizo amiga del número doce, que adoraba el cordero y estaba dispuesta a dar sus verduras y su pan a cambio del cordero.
En aquel momento, Jim se quedó perplejo y le preguntó al número nue