Joshua y Luna caminaron bajo la lluvia torrencial durante toda una noche.
Por suerte, el clima estaba a punto de cambiar al verano, así que no hacía demasiado frío.
El sol había salido y, tal como Luna había dicho, un arco iris apareció en el cielo.
Joshua guardó el paraguas, miró al bebé muerto en los brazos de Luna y extendió la mano para secarle las lágrimas con suavidad. "Luna, llevas toda una noche caminando con ella en brazos. Es hora de enterrarla para que descanse en paz".
Tan pront