Al entrar a la oficina, Charlize casi puede oler que hay problemas, sube por el ascensor directo al piso tres y en cuanto las puertas se abren, puede oír los gritos de uno de los abogados senior, lo que la hace fruncir el ceño y caminar con toda la actitud hacia la sala de juntas, que es de donde provienen los alaridos.
—Buen día, colegas —dice ella caminando directo al asiento que ocupa su madre y se sienta.
—Ese asiento no es tuyo y esta reunión no es para novatos —dice el abogador Igor von M