Narra Ciara:
Abrí la puerta y lo vi. Era Arlen. Mi Arlen, barbudo y ojeroso, pero era él. En ese momento sentí como si de pronto todo el mundo se iluminara. ¿Era un sueño? No, no lo era, Arlen de carne y hueso estaba allí, frente a mí. Lo abracé, no quería soltarlo, tenía miedo de hacerlo y que desapareciera.
—Arlen, Arlen, Arlen… —repetía.
—A riesgo de sonar pretencioso y despertar tu ira, ¿no hay nada para el hombre que te trajo a tu otra mitad? —
Anthon estaba allí, tras de mi Arlen, aunque