Cara
Los dedos de Jenny se movieron más arriba, rozando el borde de la camiseta.
—Estaba ciego, Cara.
—Eres una puta diosa.
Apoyé la cabeza en su hombro. Su brazo me rodeó, atrayéndome más cerca. La comida se enfrió en la mesa, pero ninguna de las dos se movió para comer.
Su mano deslizó bajo mi camiseta, palma plana contra mi estómago desnudo. No empujaba. No agarraba. Solo… descansando ahí, cálida y firme.
Volví mi cara hacia su cuello, respirando su aroma.
Sus dedos trazaron el borde de mi