Cuando llegamos la deje ir a la habitación de nuestra hija, Isla seguía aún afectada por todo lo que había pasado con su tratamiento, las pesadillas seguían atormentándola y estaba seguro de que tener a uno de sus verdugos de frente la lastimo, aunque ella diga que no.
Camino hasta el despacho de Damion, necesitaba hablar con él, abro y me encuentro con mi madre, Melisa y Damion.
—¿Terminaste con esa escoria? —dice Melisa en las piernas de Damion.
—Yo no, eso era trabajo de tu hija, pero sí,