Reece
Sonrío observando a mi mujer como disfruta de una deliciosa tina después de apoderarse de uno de los bares más importantes de Artem, es astuta la condenada, cada vez me sorprendía más y más y no quería aceptarlo, pero ella era más inteligente que yo, aunque no se lo dijera nunca, lo tomaría como un secreto para mí.
Veo como pasa las manos por su cuerpo llenándolo de espuma, siento como mi cuerpo se enciende enseguida y como mi miembro toma control de mí mismo.
—No sabes cómo disfruto,