La mañana llegó y como Reece lo había dicho, Artem era un perro rabioso que quería acabar con todo el mundo, nos despertamos con la noticia que una de las bodegas más grandes de distribución de armas que teníamos había sido incautada, Reece estaba atacando fuerte y eso me encantaba porque cada vez tomábamos el mando como siempre debió ser.
Aprieto los labios intentando esconder la sonrisa que quiere salir de mí ahora mismo.
—Esto es una mierda, ¿Cómo rayos están sabiendo todo?
—Tienes un topo,